La aparición de un nuevo escándalo en la Legislatura bonaerense vuelve a poner en evidencia una realidad institucional alarmante. El mecanismo que quedó expuesto con Julio “Chocolate” Rigau en la Cámara de Diputados no sería un caso aislado de corrupción, sino una práctica extendida durante años. Ahora, las sospechas se concentran en el Senado provincial, donde se investiga a 39 empleados cuyos salarios habrían terminado en manos de terceros. Lamentablemente, las similitudes con el caso Rigau no hacen más que profundizar el descrédito de un cuerpo cuyos integrantes no fueron elegidos para cometer delitos, sino para mejorar la vida de los ciudadanos mediante la sanción de leyes impostergables. En el caso del Senado, se investiga a personas incorporadas formalmente a la estructura legislativa que figuraban como titulares de tarjetas de débito, pero no percibían sus sueldos. A cambio, contaban con cobertura de obra social y aportes jubilatorios. Dos presuntos “recaudadores”,…
La Nación (AR) · Argentinahace 2 horas