¿Es posible salirse del camino cuando se supone que ya es demasiado tarde? Con cincuenta y seis años, Lucas Anzoátegui sentía que el mundo le había entregado una especie de libreto invisible. Para él, se trataba de un guion que decía que ya había hecho lo que se tenía que hacer: `Es momento de consolidar la rutina, evitar las olas y deslizarte suavemente hacia la jubilación´, solía pensar. Lucas tenía ese libreto perfectamente aprendido. Vivía en Santa Rosa, La Pampa, llevaba a cuestas treinta y tres años de estabilidad en la función pública como analista de ciberseguridad, había construido un hogar junto a su esposa, Paula, y tenía la tranquilidad de ver a sus dos hijos -Manuel y Joaquín- emancipados. “Tenía, en definitiva, la vida resuelta (o casi). Hasta que un día una rendija en el tiempo se abrió frente a mí”, revela. Un portal hacia un ducado y otra…
La Nación (AR) · Argentinahace 60 minutos