La mística del único edificio que invita al relax en medio del vértigo del microcentro
No es solo una iglesia antigua. No es solo un monasterio colonial. No es solo una pieza patrimonial ubicada en uno de los núcleos históricos y urbanos más emblemáticos de Buenos Aires, una zona que en los últimos años atravesó profundas transformaciones y desafíos. Santa Catalina es una presencia. Está ahí desde 1745. Mucho antes de que Buenos Aires fuera esta ciudad acelerada, financiera, ruidosa y transaccional en la que nos movemos hoy. Fue testigo del surgimiento del microcentro corporativo, de las oficinas premium, de los bancos, del tránsito permanente y hoy observa atónita las distintas discusiones sobre reconversión urbana. Ahí está la emblemática esquina, con su historia a cuestas y, sin embargo, sigue teniendo una actualidad enorme. Porque Santa Catalina no pertenece solamente al pasado. Pertenece también al presente emocional de nuestra ciudad. Elon Musk, el primer trillonario de la historia: cambió mansiones por una casa prefabricada de 37…