El Estado no es su papá
Hay papás que no sueltan. Le escogen la ropa al hijo, le administran la plata, le dicen qué estudiar, dónde trabajar y hasta con quién casarse. Si el muchacho quiere montar un negocio, primero pide permiso. Si se cae, papá lo recoge. Parece amor. Es una jaula con cojines. Porque ese hijo crece, pero no madura. Llega a los cuarenta sin saber caminar solo. En Colombia tenemos un papá así. Se llama Estado. Que quede claro: el Estado hace falta. Queremos policías que nos cuiden, jueces que hagan cumplir la ley, colegios que enseñen, hospitales que atiendan y respaldo para quien de verdad no puede valerse. El lío empieza cuando se cree papá, mamá, profesor, banquero, empresario y consejero matrimonial al mismo tiempo. Quien todo lo abraza, nada aprieta. Y mientras más oficios se inventa, menos podemos reclamarle por los que le tocan. Miremos a doña Marleny. Juntó los ahorros…