La riqueza que no se cuenta
Amanece en Cochabamba. En La Cancha se levantan cortinas metálicas y comienzan las cuentas del día. Una camioneta recién comprada recibe más cuidado que la conversación pendiente en casa. Un teléfono busca el ángulo perfecto para exhibir felicidad. Detrás de una puerta, una madre espera una llamada. La ciudad se pone en marcha; queda por saber si sus habitantes también avanzan hacia una vida que valga la pena. La apariencia tiene una factura que rara vez se fotografía. Se paga con cuotas, ansiedad y horas arrebatadas al descanso. Hay quienes se endeudan para que otros crean que prosperan y quienes sacrifican la tranquilidad de sus hijos por una celebración destinada a impresionar al barrio. La fiesta termina, los invitados se marchan y la deuda se queda a vivir con la familia. El aplauso dura una noche; sus consecuencias pueden sentarse durante años a la mesa. El dinero importa. Negarlo sería…