Mañana cumplo un año sin beber alcohol. No escribo estas palabras para victimizarme, ni para que me feliciten, ni para dar lecciones a nadie. Las escribo porque quizás alguien que las lea esté recorriendo el mismo camino que yo recorrí, sin darse cuenta de hacia dónde lo está llevando. Durante muchos años bebí socialmente. Varias copas de vino durante una cena, varios whiskies con amigos, un brindis en alguna celebración. Todo parecía perfectamente normal. Hasta que un día me serví el primer trago estando solo. No había nada que celebrar. Simplemente quería relajarme. Después vino otro día, y otro. Lo que comenzó siendo ocasional pasó a repetirse varias veces por semana, hasta convertirse en una costumbre diaria. Sin darme cuenta, había cruzado una línea que nunca imaginé cruzar. El alcoholismo no suele llegar de golpe. Entra silenciosamente, disfrazado de costumbre. Y muchas veces, detrás de esta enfermedad, existen heridas emocionales,…
La Prensa (PA) · Panamáhace 28 minutos