El amigo que piensa distinto
En 1946, Gershom Scholem escribió a Hannah Arendt una carta furiosa: la acusaba de traicionar a su pueblo, el judío. Ella le contestó punto por punto, sin ceder. Pero al final le pidió algo que hoy suena casi heroico: que la discusión no se llevara por delante su amistad. “Un ser humano vale mucho más que sus opiniones”, escribió. Seguir leyendo...