Los verdaderos monstruos no necesitan disfraz
Para un niño, el 31 de octubre es uno de los días más esperados del año. Desde semanas antes sueña con convertirse en su personaje favorito, escoge con ilusión su disfraz y cuenta los días para salir a pedir dulces. Poco le importan los detalles de su vestuario, porque lo que espera es disfrutar de la celebración. Al regresar a casa, vacía su bolsa, cuenta los caramelos que consiguió, aunque muchos nunca llegue a comérselos, y se queda con la alegría de haber vivido un día especial, de esos que con los años pueden convertirse en un recuerdo de infancia. Los padres viven otra celebración. Además de acompañar a sus hijos, deben estar pendientes de los vehículos, revisar los dulces y procurar que no se pierdan entre tanta gente. Con semejante lista de preocupaciones, salir a pedir dulces se parece más a una operación de seguridad que a un paseo…