Reforma política: a seguir avanzando, la ventana es corta
Toda reforma política implica una tensión permanente entre representación y gobernabilidad. La recién aprobada es un avance razonable para mitigar la hiper-fragmentación, pero aún quedan deficiencias graves por resolver. El binominal permitía construir mayorías previsibles e incentivaba a buscar al votante moderado, pero generaba una paridad parlamentaria difícil de justificar ante resultados electorales desiguales. Las reformas entre 2012 y 2016 inclinaron la balanza hacia la representatividad y eliminaron casi todas las barreras de entrada, para acercar los partidos a la ciudadanía y enfrentar la crisis de legitimidad. Pasó lo contrario. Distritos grandes, pactos que permiten a partidos pequeños entrar de la mano de los grandes mediante un doble sistema proporcional que solo existe en nuestro país, financiamiento público, y el voto voluntario incentivaron la fragmentación. Aparecieron emprendedores políticos que, con un electorado pequeño obtienen escaños y alteran equilibrios parlamentarios de forma irresponsable. La consecuencia: gobiernos obligados a “pirquinear” votos proyecto…