Cada mañana, antes de llegar a sus salones de clase, niños de San Tropel, en Cimitarra, Santander, deben atravesar la quebrada La Corcovada mediante un improvisado puente colgante construido de manera artesanal por habitantes de la zona. El recorrido comienza sobre estrechos tablones sostenidos por cables que, además, sirven de apoyo para pasar de una orilla a otra. Es un trayecto que algunos estudiantes realizan a diario para poder asistir a clases, en medio de los riesgos que representa cruzar por una estructura de estas características. La misma estructura sirve como paso para campesinos, familias y habitantes de varias veredas que necesitan desplazarse hacia el caserío, comprar alimentos, trabajar o realizar alguna diligencia. En la zona la llaman garrucha o puente colgante y, según la comunidad, desde hace años forma parte de la vida cotidiana de quienes necesitan atravesar este punto.“Día tras día la gente cruza de aquí para allá…
Vanguardia · Colombiahace 32 minutos