Arroz con mango a la brasileña
Brasil ostenta una geografía continental; Panamá, una geografía estratégica. Las cifras retratan una asimetría de infarto: Panamá cabe 113 veces en el mapa brasileño, y la población brasileña supera en casi 50 veces a la nuestra. Imagínese ganar la presidencia de un país de esta escala, pero al llegar a la oficina percatarse de que el “representante de corregimiento”, la presidencia de la Asamblea y la mayoría de los diputados responden al bando rival. Algo así acaba de lograr Lula da Silva. A sus 81 años, este exobrero metalúrgico amarró una victoria histórica. Lula ganó el sillón presidencial, pero el poder real en las calles y en el Parlamento se reparte entre sus adversarios. Su rol institucional se asemeja al de un “monarca republicano” o árbitro superior —al estilo de Mitterrand o Pepe Mujica—, forzado a administrar el poder mientras busca un relevo generacional en un Partido de los Trabajadores…