Halloween es una celebración que despierta la creatividad, la imaginación y la alegría de nuestros niños, niñas y adolescentes. Es una oportunidad para jugar, compartir y disfrutar. Sin embargo, hay una tendencia que como sociedad no podemos normalizar: la sexualización de los disfraces infantiles. Cada año encontramos en el mercado propuestas de vestuario para niñas que reproducen estéticas, cortes y representaciones propias de la moda adulta. Faldas excesivamente cortas, escotes, prendas ajustadas y versiones sexualizadas de personajes infantiles son presentadas como opciones de entretenimiento. El problema no está en celebrar Halloween ni en la libertad de expresión, sino en trasladar códigos de sensualidad adulta a cuerpos y etapas de desarrollo que deben ser protegidos. En Colombia, esta conversación adquiere una importancia particular. Según el contexto de violencia sexual y explotación que afecta a niños, niñas y adolescentes, tenemos el deber de fortalecer todos los entornos de protección. No podemos desconocer…
Vanguardia · Colombiahace 41 minutos