Impuesto a llegar tarde
Una empresa puede vender, cumplir y quebrarse. Basta con que su cliente no pague a tiempo. Cuando ese cliente es el Estado, la paradoja resulta ofensiva: el empresario paga salarios, impuestos y proveedores mientras espera que el gobierno que le exige puntualidad cumpla su parte. La demora tiene un precio: intereses que impiden crecer. Ese costo puede trasladarse a las ofertas de quienes contratan con el sector público. El Estado termina pagando más porque sus proveedores financian la espera. Llegar tarde es un impuesto que nadie aprueba, pero alguien paga. La República Dominicana ofrece una experiencia que Colombia debería estudiar. Su programa Factoring Gubernamental Reservas permite a los proveedores obtener liquidez anticipada mediante la cesión de facturas a un fideicomiso administrado por el mismo gobierno. Colombia debería explorar el pronto pago con descuentos voluntarios. Si el costo total de anticipar el pago es inferior al descuento, el Estado podría ahorrar,…