La psicología dice que hablarse a uno mismo por el nombre ayuda a controlar las emociones: un estudio de 2017 de la Universidad de Michigan encontró que es una forma de practicar el autocontrol
Pensar “¿qué debería hacer Nicolás?” puede producir más distancia que preguntarse “¿qué debería hacer yo?”. Investigadores encontraron que ese pequeño cambio reduce la reactividad emocional sin exigir un gran esfuerzo mental.