Me ha tocado ver morir mucha gente, y no deja de sorprenderme cada vez que ocurre la forma como las personas con un cuerpo abatido por dolencias físicas insuperables, en apariencia desconectadas intelectual y emocionalmente, se resisten a abandonar este mundo, hasta que el último ser querido llega a despedirse. Lo vengo observando desde hace años, con mis seres queridos, allegados y pacientes. Un caso frecuente es el de la mujer en condiciones médicas terminales, con el cuerpo rendido, supuestamente desconectada, que parecía no reconocer a nadie. Pero faltaba un hijo por llegar. Cuando finalmente este hijo aparece, la madre le aprieta la mano, cambia su ritmo de respiración, disminuyen los latidos del corazón y horas después sobreviene el fallecimiento. El sociólogo David Phillips (BMJ 1992) postuló que, si la gente pudiera posponer la muerte, debería morir con menos frecuencia antes de fechas importantes y más frecuentemente, justo después de…
El País (Cali) · Colombiahace 17 minutos