El éxito no siempre tiene ganas
A mí también me encanta dormir un poquito más y, si tengo la oportunidad de quedarme viendo una buena película, probablemente encuentre razones maravillosas para ver la siguiente. Me gusta disfrutar, descansar, conversar sin mirar el reloj y hacer planes que no necesariamente tienen que convertirse en algo productivo. Y, sin embargo, hay algo que con los años he aprendido a valorar cada vez más: la disciplina. Esa palabra que no siempre resulta tan emocionante como la inspiración, tan atractiva como la motivación ni tan misteriosa como la famosa ley de la atracción. Nos encanta hablar del poder de visualizar nuestros sueños, de creer en nosotros mismos y de tener la voluntad para alcanzar lo que queremos. Y, sin duda, creo profundamente en todo eso. Creo en el optimismo, en las posibilidades y en esa capacidad maravillosa que tenemos de imaginar algo que todavía no existe. Sin embargo, hay algo…