Estaban transitando el duelo por la muerte de la primera perra con la que convivió la familia hasta que, un año después, la vida los cruzó con Mili. “Cuando murió aquella perra, el más afectado fue Santi. Al año llegó Mili. Él entonces tenía 6. Para mí el duelo siempre es una oportunidad para trabajar la manera en que integramos la muerte en lo cotidiano, sacarle el drama sin sacarle el dolor, darle lugar y que forme parte de la historia. Creo que cada muerte que atravesamos de chicos nos deja una cajita de herramientas, y la muerte de Indy y la llegada de Mili fueron un poco eso para ellos”, recuerda Mariana Pérez. La intención original era que Mili pudiera acompañar a Santiago pero enseguida la perra se pegó a Mariana y estaba todo el tiempo con ella. Jugaba con los chicos y creció con ellos. Ciego y maltratado,…
La Nación (AR) · Argentinahace 29 minutos